En medio de la proliferación de ismos que pretenden decir la última palabra, cuando no la unica, el aforismo, esa combinación de filosofía y literatura cuyo detonante es la ironía, en condiciones de trasmutar el sentido en ánimo, inclusive, es la fórmula elegida para desbloquear el futuro bajo el signo de la provocación. Somos tiempo y lenguaje en consecuencia. Un tiempo que, aparte de su fugacidad, se desdobla (plural) y se repliega sobre sí mismo (simultáneo), y es uno con el hombre, además. Un mundo apalabrado, que si bien es formateado por la sintaxis y loteado por la semántica, es reiniciado por la pragmática. No es otra apuesta por una antropologia pluralista, alrededor del tiempo y el lenguaje, en contraposición con la tradición metafísica y monoteísta.